ALFONSO GARCIA-OLIVA, LUTHIER



Bienvenidos a mi casa, donde vivo y trabajo. Está cerca de Navajeda, en Cantabria, al norte de España.

Alfonso Garcia-Oliva, Luthier



Barrio Mazas7-A
39715 Navajeda
Entrambasaguas
Trasmiera
Después de dar muchas vueltas por el mundo, decidí en el año 2000 quedarme aquí.

Mi casa está rodeada de prados, colinas y algo de bosque (menos de lo que yo quisiera). Hay bastantes aves alrededor, y de vez en cuando, se ve pasar algún zorro o corzo. Tengo el suficiente silencio y bastante tranquilidad como para poder estar a gusto. Desde hace tiempo, aprecio un ritmo pausado de vida y trabajo como si fueran tesoros. En esta web quisiera mostrar algunas de las tareas que hago con las manos, y el resultado de las mismas, así como el espíritu que me anima.

También ofrezco la asistencia a cursos y talleres para aprender, entre otras cosas, a hacerse su propio instrumento musical, un par de mocasines a medida, un cuchillo personalizado, un arco y flechas o algunas otras cosas.


Instrumentos musicales

En el último cuarto del siglo XX, era casi imposible encontrar cierto tipo de instrumentos en nuestro país, y eso motivó mis inicios como luthier.

Tras muchas lecturas, consultas, experimentos fallidos, especulaciones, estancias en talleres y escuelas de Suiza, Francia e Inglaterra, y mucha viruta de diversas maderas, instalé mi primer taller en 1987.

Desde entonces procuro mantener cierta coherencia entre las posibilidades tecnológicas de los tiempos actuales y las líneas marcadas por la tradición. Este oficio, heredero del Renacimiento, combina tareas manuales con intelectuales, y disciplinas científicas con humanísticas, pero sigue teniendo más de Arte que de Ciencia.

Siendo consciente de la actual situación de ciertos recursos naturales, favorezco el empleo de maderas locales y sólo recurro a maderas exóticas cuya correcta gestión ecológica garantizan los proveedores seleccionados. Por la misma razón no trabajo con marfil animal.

Espero que mis instrumentos sean útiles a quienes buscan caminos musicales poco frecuentados.


Cuchillos

Desde niño, siempre he llevado una navaja en el bolsillo o un cuchillo al cinto. Nacido a finales de los 50, pertenezco a una generación que aún tenía relación con el medio rural español más allá de lo que se ve en la TV o lo que cuentan los abuelos. Me crié a caballo entre una casa con árboles a las afueras de Santander y una finca ganadera en la dehesa salmantina. Para mucha gente de mi edad, una navaja o un cuchillo son una herramienta de corte de usos múltiples: cortar una rama, un trozo de cordel, pelar un palo, abrir un sobre, un paquete, preparar el bocadillo, comer embutido en medio del campo, limpiarme las uñas, tallar un trozo de madera mientras pasa el tiempo sentado a la sombra de un castaño… Más tarde, y ya de caza o de acampada, preparar la cena, abrir o destazar una pieza recién cazada, cavar un hoyo en el suelo, cortar unas ramas que estorban el tiro desde el puesto… Siempre una navaja o un cuchillo a mano.

Sigo viviendo en el campo, cerca de una aldea de la comarca de Trasmiera, en Cantabria, y sigo llevando a diario un pequeño cuchillo en el cinturón.

He pasado gran parte de mi vida adulta trabajando con las manos, principalmente la madera, y no siempre las gubias, formones y cuchillas de tallista con los que me he topado me han resultado satisfactorios: invariablemente, la herramienta antigua comprada en mercadillos me resultó más fácil de afilar y de corte más duradero e idóneo que los relucientes útiles inoxidables de la producción moderna.

Hace algunos años empecé a fabricar mis propios cuchillos porque ni los aceros ni los diseños de lo que veía en el comercio acababan de hacerme sentir a gusto.

Procuro que mis creaciones guarden una cierta evocación a monte y a bosque, a aire libre, a pueblos mal llamados primitivos, a naturaleza salvaje y olor de fogata. Materiales naturales para cuchillos que espero estén a menudo en un entorno natural, en manos de personas sensibles y respetuosas con montes, ríos, animales y plantas. Huyo de materiales de alta tecnología, diseños radicales y aspectos agresivos: nada, pues, de cuchillos de combate, navajas tácticas, empuñaduras de Kraton o titanio u hojas puntiagudas de doble filo; nada de armas de comando especial, puñales de asesino nocturno ni estiletes de gamberro suburbano.


Arcos y Flechas

Los arcos y las flechas llevan entre nosotros más de 10.000 años. Durante milenios, estos artefactos sufrieron pocas variaciones en lo que respecta al materiales y técnicas constructivas : madera, fibras vegetales, o animales, piedra o metales… A mediados del siglo XX, sin embargo, nuevas materias y nuevos diseños cambiaron radicalmente el mundo de la arquería. La aparición de la fibra de carbono y los arcos de poleas en el último tercio del pasado siglo fue el cénit de la tecnología aplicada al mundo de los arcos y las flechas… para algunos.

Para muchas otras personas, las cosas habían ido demasiado lejos, o más bien, por otro camino.


Cuero

El cuero y las pieles son de los primeros materiales de los que se sirvió la humanidad para mejorar sus condiciones de vida.

Desde el simple secado hasta el curtido a las sales de cromo, pasando por los diversos curados y curtidos vegetales, el cuero ha servido y sirve para elaborar objetos de uso cotidiano como cinturones, bolsas, fundas y otros recipientes, ropa, calzado y multitud de otros objetos.

El cuero es un material noble y natural, y usarlo, una forma más de mostrar gratitud a un animal al que hemos quitado la vida para comérnoslo. No me parece ético matar sólo por la piel: hay que aprovechar todo lo que nos sea posible del cadáver: carne, huesos, vísceras, cuernos, plumas, grasa y piel, que es lo que hacían y hacen las sociedades y los humanos que aún no han perdido la cabeza y el sentido del respeto por su entorno. Las distintas culturas y tradiciones humanas han ido desarrollando diferentes técnicas de trabajo y decoración del cuero, algunas de las cuales pueden verse en esta página.

No recuerdo cuándo empecé a hacer ocasionalmente objetos de cuero, pero no tendría más de 15 años…
A los 18, iba desde Santander en auto-stop a pasar un fin de semana en Liébana, y al pasar por Panes, vi trabajando a un zapatero. Entré a hablar con él y le pregunté si me podía enseñar algo de su oficio. Aquella tarde salí sabiendo hacer punto sillero con dos agujas (antes lo hacía con una, en “viaje de ida y vuelta”, y resultados obviamente menos satisfactorios) y con una lezna que aún conservo. Llegué bastante tarde a la cita que tenía en Potes, pero había aprendido algo que me sigue siendo muy útil.

A lo largo de los años, he ido aprendiendo de aquí y de allá, a sacar patrones, a ensayar con otros tipos de costura, a moldear en mojado… He hecho bolsos y bolsas, carteras, cinturones, trenzas y fundas para casi todo. No he hecho mucho repujado, porque no acabo de tomarle gusto a su resultado estético… En un viaje a Estados Unidos, descubrí las tiendas Tandy, algunos tipos de herramientas que no se usan en Europa y la cantidad de bibliografía que circula por allí, y otros nuevos caminos y estilos llegaron a mi taller.


Cursos

Puedo enseñar a realizar unos cuantos objetos y actividades. Y puedo hacerlo en Castellano, Francés e Inglés.
No pretendo hacer “terapia ocupacional”, sino enseñar a manipular efectivamente herramientas y materiales, transmitir unos conocimientos y unas técnicas que permitan a los asistentes llevarse consigo unos objetos verdaderamente funcionales, correctos y bellos. Nada de souvenirs, miniaturas o trastos “con apariencia de”.

Por supuesto, las piezas elaboradas por los asistentes a los talleres pasan a ser de su propiedad.
Los cursos pueden desarrollarse en mi taller o si son actividades al aire libre, en mi terreno (5.000 m2 de pradería y arbolado); o bien desplazarme a donde sea necesario siempre que el lugar reúna ciertas condiciones.

No tengo fechas fijas, ni organizo cursos periódicamente. No me pregunten por lo tanto que cuándo es el próximo curso de esto o de lo otro, porque los cursos los organizo a medida, cuando me lo pide alguien.
Según el tipo de curso, puede ser individual o colectivo. En este caso, no recomiendo pasar de una docena de asistentes, para garantizar una correcta atención a cada persona del grupo.

Dependiendo de la enseñanza impartida, los cursos pueden ir desde unas pocas horas a varios meses: no es lo mismo aprender a trenzar cuero o emplumar flechas que construir una zanfoña o un arpa.

Las clases pueden desarrollarse en horario intensivo a lo largo de la semana, en fines de semana, o bien en horario vespertino a lo largo de varias semanas. Cualquiera de estas opciones es válida, si bien se producen más tiempos muertos cuanto más se fragmentan las sesiones.

En cada caso, yo aporto herramienta básica, maquinaria (si se necesita) y alguna muestra de material, pero los asistentes deberán procurarse algún utillaje personal que se detallaría y material de trabajo (madera, cuero…). Si no saben dónde obtenerlo, puedo encargarme de proporcionarlo.

No duden en pedir información adicional o presupuesto para cualquier opción.



Situación
Barrio Mazas7-A
39715 Navajeda




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